De
niño escuché y leí en libros de la neocolonia la historia
retorcida de Cuba: José Martí, un poeta mujeriego (la niña de
Guatemala, la que se murió de amor). adicto a la ginebra, debilucho,
incapaz de resistir el mínimo esfuerzo y, sin embargo, arrastró los
grilletes del martirio corporal en las canteras de San Lázaro.¿Cómo?
¿ Si apenas era niño-adolescente y levantaba del suelo un metro 45
centímetros de estatura? Nunca supe entonces porqué lo confinaron
al trabajo forzado, al destierro: ¿Era tan peligroso? ¿Si solo
hacía versos, y a esa edad no bebía?
Alegrías de enero
Apenas tenía 12 julios cuando este primogénito mes del año siempre nuevo y verde olivo, trajo la primera gran alegría familiar: El triunfo de la Revolución, un júbilo nacional que cumplió 54 primeros de enero hace 48 horas.
Hacer y hacer por los buenos
Qué
puedo hacer para luchar por ellos:
los
que lucharon por todos los cubanos
Qué
puedo hacer por nuestros cinco hermanos
Presos
para la libertad de tantas manos.
Qué
puedo hacer por la justicia mancillada,
violada
por la prensa consumista.
Qué
puedo hacer por tanta canallada
al
servicio del grupo terrorista.
Puedo,
puedo hacer y es mi deber
de
periodista
-que
no vende la Patria a un mercader
capitalista-
que
el mundo entero sepa que Gerardo,
Ramón,
René, Antonio y Fernando
siguen
padeciendo el carcelario cruel,
del
imperio que politiza el caso,
para
evitar el inevitable abrazo
de
los cinco y el pueblo de Fidel.
¿Qué
puedo hacer?: hacer y hacer
para
acortar el plazo
del
justo e inevitable amanecer.
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